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NAVIDAD EN LA MONTAÑA

Sentía el volante helado a través de los guantes, y oía la nieve compactarse debajo de las cadenas. Navidad, el tiempo de estar juntos, le animaba a enfrentar la montaña mientras la nieve se le venía encima haciendo espirales contra el parabrisas.

Intentando ganarle a la tormenta tomó un atajo por el que supuso no le faltaría mucho para trasponer la cuesta. Después, sería dejar que la nariz le llevara hasta el pavo, que ahora mismo debía estar sacando su mujer del horno; pero la ventisca alargaba más y más el camino, y él poco a poco dejaba de silbar.

Del radio salía Silent Night cuando quedó varado. Su dedo siguió el curso que supuso había tomado pero se le salió del mapa. Linterna en mano salió del carro y se alejó en la ventisca buscando algún punto de referencia, pero el bosque se ensanchaba alrededor de él, infinito y denso. Los copos contra las ramas producían una siniestra crepitación en el paisaje cuando el chasquido de un portazo lo dejó paralizado.

Se ocultó tras unos arbustos y desde allí divisó dos siluetas en el interior de su carro. El intenso frío muy pronto le hizo vencer el miedo a una muerte que por lo menos podría ser más rápida que la congelación, y desandó sus huellas hasta el carro.

Abrió la puerta trasera y se encontró en el interior con dos migrantes indocumentados tiritando de frío en los asientos delanteros. Intentaron decirse algo pero no les alcanzó a ellos el poco inglés que habían oído de los turistas en Playa Narveja ni a él el español de la Saint Thomas High School. Las miradas entonces compartieron una suerte de complicidad en la desgracia, y todo quedaba dicho en esas miradas. Ya no faltaba nadie para celebrar la Navidad.

Sin hacer muchos intentos, se resignaron a no decirse nada. Tal vez las cosas más importantes cuando se quieren decir no necesitan de palabras, y estos inopinados contertulios esa noche tampoco las necesitaron. Para referirse al tamal que le ofrecieron ellos y a la botella que él les compartió les bastó el dedo índice.

Los villancicos del radió hicieron su labor en el ánimo del grupo, mientras a la salida de la calefacción se calentaba el tamal y el vino se escanciaba en tres cucuruchos improvisados con las hojas de una revista, que en el aire se tocaron produciendo un sonido apagado. Se dijeron “Merry Christmas” y “Feliz Navidad”, y nunca dos idiomas significaron tanto lo mismo como esa noche en la montaña.
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Aprovechando la ocasión, los invito a escuchar mi: NOCHE DE NAVIDAD en http://www.kleyton-trillo-villalobos.com/music.html

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