Gerry tiene 85 años y muchos planes para hacer negocios. Uno de ellos consiste en un aerosol saborizante para panes dulces; también me habló de su corbata doble cara y de un extensor de sombra para colocarse en la visera del auto. Me cuenta todo ésto virándose hacia mi mesa, agrandando mucho los ojos que, entre sorbo y sorbo, levanta de su plato. Agrega que recién se compró una laptop y un celular para iniciar sus pesquizas en busca de un socio capitalista para desarrollar sus inventos. Armandito, mi hijo de un año lo observa con atención, e imita los gestos que el viejo le persuade de hacer, como abrir y cerrar la mano. “Babies like to copy” -puntualiza el anciano. Añade que su instructor es un joven hispano de nombre José, que vive solo en un trailer a espaldas de su casa. Me propone presentármelo, que yo no quedaría defraudado de su talento para componer canciones. Al despedirnos le tiendo mi mano, que él retiene mientras con la otra aprieta suavemente mi brazo, anticipándose a la resignación de lo inútil de sugetarse a ella antes de volver a hundirse en la inmensa soledad oceánica de los ancianos de 85 en las mesas de los restaurantes urbanos de Estados Unidos.
Había una vez un municipio llamado Tijuanela en elecciones. Los candidatos miraban desde paredes y postes con ojos de papel las calles de la ciudad. Subidos en mantas y espectaculares gritaban frases como “Tijuanela merece más!” o “La esperanza de Tijuanela!” o “Hagámoslo juntos!” y hasta “Por un gobierno que robe menos”. Otros callaban en sus carteles, limitándose a sonreír o poner cara de circunstancia, como si hubieran llegado tarde a la repartición de frases. Cuando el tiempo estaba bueno y no hacía mucho calor, los candidatos bajaban de paredes y mantas y se iban a tocar puertas. Desde el micrófono en los estrados prometían más o menos las mismas cosas: seguridad, justicia o justicia, seguridad; transporte, vialidades o vialidades, transporte… alineando la secuencia con la ideológica de sus partidos. Se les veía muy animados y hasta contentos a los candidatos, como si quisieran contagiar de su entusiasmo al electorado. Sus alocuciones a un punto de la exposición llega...
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