Cuando pregunté a Ignacio Anaya a propósito del Everest,“qué buscas en las alturas”, él me respondió, “no busco, vivo”. Luego me di cuenta que en sus ascenciones, y en sus largas travesías no iba solo. Desde asomarse al techo del mundo lo mismo que desde enfrentarse a la distancia sin más recurso que dos ruedas y un corazón, ya nos hacía vivir a miles también, que lo seguíamos desde nuestras pantallas de luz. Nos hacía vivir junto con él de una manera a la que nos han desacostumbrado las propuestas publicitarias, las campañas políticas, la guerra contra el narco y los videojuegos. Para el millón y medio o más de Tijuanenses, sambutidos en el tráfico y el humo, en una ciudad de espaldas al mar y con el mirador de la presa cerrado con una cerca de púas, el pedal de Nacho fue durante 28 días una invitación a sacudir el espíritu y subir, a romper el aire con la frente, clavado el sol en la mejilla izquierda; era una invitación a vivir! Un cachito del entusiasmo que Nacho llama “vida” me lanzó a la calle para ir a recibirlo a la línea con una cámara de video en la mano… Les comparto este pedazo de vida en el que descenas de ciclistas de la ciudad se unieron a Nacho en la frontera para acompañarlo a recorrer el último tramo de su travesía hasta Playas de Tijuana, después de venir pedaleando en bicicleta desde Nueva York hasta Tijuana en 28 días. Ve el video aquí
ADELANTE!
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