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Entradas

CHIMALISTAC

Ayer domingo hice un interesante recorrido peatonal por una callecita: "Paseo del río", cuya entrada pasa desapercibida detrás de un puesto de tortas en Miguel Ángel de Quevedo. Mientras masticaba una torta de milanesa con queso me llamó la atención la tupida floresta que se divisaba al fondo del callejón. La tortera me dijo que por ahí se podía llegar al eje 10. Con un poco de curiosidad me asomé, y con otro poco caminé unos pasos. Enseguida sentí que la curiosidad me arrastraba. Y así me fui internando a otro tiempo mientras la tierra suelta y las ramitas de los árboles comenzaban a crepitar blandamente debajo de mis pies. El lecho del río Magdalena, ya seco, va serpenteando, angosto, entre árboles torcidos de arrugadas cortezas, y de cuando en cuando uno cruza por debajo de robustos puentes coloniales de piedra oscura en forma de arcos. En la ribera del río descansan añosas casas anteriores a la Independencia. De sus paredes de piedra surge el hierro de los faroles en ángu...

AMOR Y ENAMORAMIENTO

El amor y el enamoramiento a menudo se nos confunden a pesar de que la única definición definitiva que tenemos del amor: "Dios es amor", nada tiene que ver con la exaltación sentimental que hace del enamoramiento toda la parafernalia artística encabezada por la canción popular. Fuera de la definición de amor ya expresada, sólo podemos hablar de éste por sus efectos: la madre que se quita el pan de la boca para dárselo al hijo, el esposo que deja el tibio lecho a media noche para reparar una gotera, la anciana que cuida del marido desahuciado en un hospital. Del enamoramiento, en cambio, podríamos construir un tratado con rigor clínico: patología del corazón que embota los sentidos, hace perder el apetito y el sueño y mina la voluntad del enfermo. A diferencia del acatarrado que estornuda y se cubre la boca con un pañuelo, el enamorado insiste, se empeña en contagiar a la persona amada, aunque a menudo la naturaleza se las arregla para impedir el contagio, pues cuanto más agud...

LOS TAMALES

Alfredo O. Trillo Explicación para una amiga española. Los tamales son uno de los platillos tradicionales de la cocina mexicana para la cena de Noche Vieja. Considerando ocasión tan celebrada su apariencia es bastante desangelada y grotesca. Imagínate una bolsa hecha de una hoja de mazorca de maíz con un cuerpo de masa cocida por dentro. Variedades hay muchas, dependiendo de la región del país. Yo me referiré a la versión que me puede parecer más típica. Como te decía, se trata de un cuerpo de masa de maíz cocido a vapor con trozos de carne de pollo o de res en las entrañas o rajas de chile jalapeño y queso o bien puede tratarse de tamales dulces, con trocitos de piña y mermelada por dentro. Envuelto va el tamal en el sudario de una hoja de mazorca, la que cierran, anudadas por los extremos, tiras que previamente se han entresacado de otras hojas. Las hojas de mazorca se las compra en el mercado, y ésta vez venían muy angostas, de manera que mi madre debía empalmar dos o tres para envo...

QUE SUS SUEÑOS NO SE HAGAN REALIDAD

Alfredo O. Trillo Enero es promesa oliendo a culpa quemada. Lo equivocado que fuimos es cosa del pasado y a la inconformidad le llega su revancha. Por eso es bueno que los años terminen, porque así podemos decir “borrón y cuenta nueva” y, aunque el último segundo de un año se da la mano con el primero del siguiente, en ese apretón de manos damos un salto de la mediocridad hecha costumbre a la posibilidad de ser mejores, porque cada año el corazón retoña y le brotan flores, y con ese ramillete en el pecho de buenos propósitos seguimos caminando. Enero nos reencuentra con nosotros mismos y con quienes queremos ser, para que volvamos a soñar con los ojos abiertos los sueños que quizá ya habíamos tenido pero que ya habíamos dejado de soñar. Buscar, querer, ir hacia... llamémosle "los sueños", nos impulsa a seguir adelante, aunque nuestra responsabilidad no consista tanto en llegar como en haber andado. Perdón si no brindo –pues- por la realización de los sueños. Brindo, en cambio...

LA ESPIGA 101

Al consultorio de Julieta, la hermana de José Luis, llegó un niño de doce años que parece de seis. Oscuras las mejillas, salpicadas de manchitas blancas, y muy recta la partidura a un lado de la cabeza. Venía a que le taparan una caries y en cada mano traía una flor. De la mañanita en Ayahualuilco las había cortado en el campo y al troncharlas por el tallo se salpicó de rocío. Entonces subió al autobús que pasó junto al camino y llegó hasta Córdoba sin soltar las flores ni un momento. En el consultorio la esperó balanceando los pies en una silla, mirando por la ventana, hasta que la vio llegar. Y cuando llegó salió corriendo a recibirla con las dos flores en cada mano. Eran un bracito de rosal con una rosa cerrada y una espiga coronada por una explosión de florcitas blancas, de las que aquí llaman “cientouno”, y que usan las gentes de las sierras altas de Veracruz para dividir sus propiedades. Julieta lo abrazó y las flores pasaron a sus manos. Ella me vio junto a la puerta y radiante ...

LA MONEDA FRÍA

Los grandes espacios y las multitudes aprietan la soledad al fondo de los bolsillos, como una monedita fría que no se calienta ni de sobarla entre los dedos. De la estación del metro Chilpancingo salí a buscar un poco de aire al parque San Martín de la Condesa. Debajo de la fina llovizna que comenzaba a dibujar las siluetas de las ramas en el suelo me guarecí al amparo de un alero de hormigón, sentado en el tronco que había servido de soporte a una banca que faltaba. Por el celular escuché voces amigas que igual me acompañaron desde interrumpidas conferencias, clases de inglés, un consultorio, y hasta asistí de oído a las deliberaciones indecisas que se hacían en una zapatería sobre la presunta comodidad de un pie en un zapato, mientras la lluvia rebotada en el suelo me mojaba las piernas del pantalón. Si yo fuera fumador habría inclinado la cabeza hacia adelante con los ojos entrecerrados cuando apagué el celular, y de mi mano hecha concha habría salido el cigarrillo como una luciérna...